Ya se han discutido las influencias genéticas, pero aún continúa siendo una interrogante la forma en que estas predisposiciones genéticas se traducen en vulnerabilidad. Fuera de los factores medioambientales o externos referidos, existen otros factores poco comunes en el organismo que pueden causar también retraso en el desarrollo. Algunos de estos incluyen los ácidos grasos esenciales, Vitamina B6, magnesio, estrés oxidante y metabolismo serotonina y dopamina.
Los ácidos grasos esenciales están presentes en las grasas que consumimos en nuestra dieta. Con alimentos cada vez más procesado y cada vez menos frutas frescas, carnes y vegetales, el tipo de ácidos grasos que consumimos ha cambiado.
De los ácidos grasos esenciales, los Omega 6 y Omega 3 son los más comunes. En los niños autistas, existe evidencia de una menor presencia de estos ácidos. Ello puede deberse a trastornos en su metabolismo. Se ha demostrado que el Omega 3 es efectivo en la disminución del riesgo de ateroesclerosis y el objetivo del suplemento es el de aumentar la proporción de ingestión de omega 3 a omega 6, mientras que al mismo tiempo aumenta la ingestión de los ácidos grasos esenciales en general. Con este cambio dietético, se ha reportado una mejoría en la función en algunos pacientes.
No existen dudas de que la Vitamina B6, o piridoxina ha ayuda a los síntomas y características de los niños autistas, los que se ven pronunciados cuando se administra con magnesio. Se piensa que la Vitamina B6 se convierte en piridoxal-5-fosfato, que es una importante coenzima en el paso metabólico de la dopamina. Algunos niños autistas muestran una eliminación de subproductos de la dopamina más alta de lo normal, y también presentan altos niveles de serotonina. Ambas constituyen proteínas neurotransmisoras claves involucradas en muchos procesos a nivel del cerebro, incluyendo el funcionamiento del sistema límbico. Al elevar el suplemento de Vitamina B6 y magnesio, se supone que el flujo de un sistema de enzima metabolicamente deficiente podría permitirle funcionar de manera más óptima y mejorar los síntomas. Exísten otras coenzimas que pueden ser también beneficiosas, como: la Vitamina C, la tetrahidrobiopterina y la metionina S-adenosil (SAM, por sus siglas en inglés, n del t).
Por último, también se han realizado estudios que apoyan la hipótesis de que los niños autistas son víctimas de un elevado estrés oxidante. Esto significa que corren el riesgo de presentar tejido dañado a partir de los subproductos metabólicos normales, que pueden convertirse en elementos “tóxicos” si no son “absorbidos”. En los exámenes realizados a grupos de individuos autistas, algunos han presentado niveles inferiores de químicos antioxidantes inherentes normales, que se piensa son menores debido a la gran cantidad de químicos de estrés oxidante y radicales libres en su organismo. En este sentido, los antioxidantes como la Vitamina A, la Vitamina E, la Vitamina C y el selenio, pueden ser agentes beneficiosos.
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